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lunes, 7 de abril de 2014

VESTIGIOS NATURALES DE LA TINENÇA DE BENIFASSÁ

GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE TIERRAS CASTELLONENSES:
JUAN E. PRADES BEL
 

VESTIGIOS NATURALES DE LA TINENÇA DE BENIFASSÁ 

 ESCRIBE: JUAN EMILIO PRADES BEL
 En un día lluvioso del mes de marzo, quede con hacer una excursión senderista invitado por Alberto Marcoval vecino y natural de la Sénia y gran conocedor de los entornos rurales de la Tinença de Benifassá y de las partes más abruptas de este territorio de los términos municipales de la Pobla de
Benifassá, Rosell, Vallibona y Castell de Cabres, tierras montuosas que conforman la expansión actual del Parque Natural de la Tinença de Benifassà, un territorio para visitar enclavado en el corazón de una quebrada cordillera formando parte del gran macizo de los Puertos de Beceite, que comparten las Comunidades Autónomas de Aragón, Cataluña y Comunidad Valenciana. Los impresionantes parajes y paisajes de este macizo montañoso de la Tinença de Benifassá se debe a que confluyen geográficamente en el lugar los sistemas montañosos del Sistema Ibérico y la Cadena Costero Catalana . El resultado de esta concurrencia de fuerzas, ferocidad, voracidad y tensiónes entre descomunales masas continentales, ha dado lugar al modelado de un conjunto de sierras abruptas, que se repliegan aproximadamente entre los 400 metros sobre el nivel del mar de las cotas más bajas, hasta cimas que sobrepasan en mucho los 1.000 metros de altitud. A nuestro paso se abren a los ojos trayectos impresionantes, un espectáculo natural entre cortes estratigráficos y seccionadas rocas, y grandes moles de piedra erigiéndose altivas por encima de nuestras cabezas, impresionantes barrancos se abren a la vista vestidos de vegetación, simas y fallas y un paisaje geológico que se retuerce sobre los pliegues tectónicos, terrenos abiertos y diseccionados en canal por la furia de las aguas, presentándose la historia natural y geológica desnuda a las miradas, sobrecoge a quien entiende la fuerza de tanta magnitud obrada por la acción inmisericorde y creativa de la naturaleza y el paso del tiempo. Alberto me enseño unas formas impresas sobre las rocas que pisamos, que asevera esos moldes y oquedades como probables huellas de dinosaurios, no se si pertenecen a esas épocas pero si son huellas fosilizadas sobre esos estratos en su día fueron zona de paso transitada por animales de múltiples tamaños, abundando los ejemplos de megafauna de posibles vertebrados gigantes que pasaron hace millones por el lugar firmando su existencia con dáctil y pesado paso. Cuesta pensar sobre lo que fue antaño este suelo fresco de la pretérita senda hoy fosilizada dando evidencia de la huella de paso y existencia de extintos animales del pasado. Hacia las alturas la estratificación tableada que se eleva, dibujando una simetría en los cortes estratigráficos dispuestos en capas, formados por calizas y dolomías de la era mesozoica. Sobre nuestras cabezas el cielo raso hoy capotado y lluvioso sobre el barranco, un techo lítico hoy invisible y desaparecido, molido por la erosión tectónica y la erosión del paso torrencial de aguas, lo que hace sospechar también de los grandes desprendimientos habidos en estos canales, de secciones pétreas vertiginosas y descomunales descendidas desde las alturas, fenómenos que dificultan y alteran las lecturas del tiempo, los taludes de piedra de las riberas cortadas y los múltiples pliegues y fallas así lo denuncian y envuelven en una permanente confusión de datación, un sustrato de fenómenos geológicos que ha contribuido al modelado de estas montañas todavía crecientes. La mayor parte de estos bancos de piedra caliza que se pueden ver en estos parajes, se formaron cuando pequeños fragmentos de roca, arena, corales, conchas, esqueletos y restos de diminutos animales marinos se depositaron en el fondo para formar enormes pilas de sedimentos acumulados durante millones de años en el fondo de los mares y oceános Mesozoicos, masas de sedimentos superpuestos que a lo largo del tiempo se comprimieron y aglomeraron, creando capas de estratos con millones de años de antiguedad. Es curioso observar el paisaje de la Tinença de Benifassá, fijada sobre un terreno cárstico y erosivo, que ha permitido a la naturaleza modelar paisajes imponentes y singulares que sobrecogen al alma pensante. (Textos: Juan E. Prades Bel, 2014)Autor imágenes: Juan Emilio Prades Bel

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